11 de agosto de 2014

Que bonita es la vida a tu lado, tocando el cielo con la punta de los dedos.
Vivir pegado a ti, a tu locura, a tu insensatez, a tu gracia y a tu risa. Ver que los días pasan y pasan a tu lado, que seguimos luchando con algo que no quiero verle fin, algo así como el mar, que ves el principio pero no el final.
Cada vez que no estoy contigo me siento vacío, que mi sonrisa ya no es sonrisa si no eres tú quien la cuida y la guarda, eres tú quien me saca esa felicidad que guardo en mi interior, y sólo tú.
Amarte, ser tuyo y tu mía. Que seamos uno y que nada más exista entre tú y yo, que sólo sea la piel lo único que nos separe.
¿Qué importa si el sol acaba de salir o si es la luna la que nos mira descarada?
¿Qué más da si hay una televisión que nos ve desnudarnos y ser uno?
¿Qué más da todo si te tengo a mi lado?
Cuando te veo es algo que no sé explicar. Deseo, ganas de besarte, de tenerte, de abrazarte, de ser tuya, de reír, de no soltarte… Ganas de ti, de estar contigo.
Yo quiero que cada vez que nos veamos te pongas tu mejor ropa, guapa para mi y yo guapo para ti, porque el resto del mundo no importa, porque yo soy tuyo y de nadie más.
Echo de menos una noche de esas que saben a ti, con luz de velas, cena incluida y amor derrochante. Una de esas pronto ¿vale?
Me da igual todo, el tiempo, el lugar… contigo todo se queda pequeño, así de grande eres.
Será que perderme contigo en las sábanas es uno de mis vicios de los que no me pienso curar en la vida.
Y cada día que pasa sin ti, empiezo a pensar que la necesidad de acariciar tu piel me está superando, quizá incluso me esté poniendo enfermo. Enfermo de ganas de verte. Y me rindo, porque no conozco otra paz mundial que la canción que suena cuando respiras. Ni otra droga que no seas tú. Y no hace falta que diga cómo se cura eso, ¿no?
Duerme pequeña, y sueña conmigo, que yo mientras te seguiré echando mucho de menos.
Te amo con locura.

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